Ultra Fiord 2016, la brasilera que quedó en la montaña.

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La corredora brasilera que, sabiamente, abandonó Ultra Fiord en la parte más difícil del recorrido cuenta como fue quedarse 3 días en la montaña.

Por Eliane Carvalho

Les dejo mi relato como amateur en ultra maratones. Ya tuve experiencias en la Patagonia, El Cruce en San Martín de los Andes, en España, pero la Ultra Fiord en Chile fue el desafío más grande de mi vida. Un lugar con paisajes de una belleza exuberante y al mismo tiempo con un clima imprevisible y a veces fatal. Vivo en un país tropical, con temperatura media de 30ºC y que pasa de los 40ºC.

Todo empezó cuando me resbalé en el río y me mojé piés y manos. Las zapatillas, las medias y los guantes quedaron empapados. Independientemente del color y marca de las zapatillas y de las ropas…

No soy una corredora profesional y veloz, solo me gusta correr y tengo resistencia. Pero en este caso, simplemente escuché a mi cuerpo.

Se me congelaron los dedos y quedaron rígidos e inchados, causándome un dolor insoportable, no conseguía moverlos y por eso no comía ni bebía, quedándome sin energía. Corría cuando era posible y caminaba en la nieve. Una pareja se detuvo y me puso guantes plásticos en las manos, pero no resolvió nada. Le pedí a un corredor que sacara la manta de mi mochila y que me cubriera las manos y seguí caminando. No podía raciocinar y tenía dificultad para ver la demarcación. Me di vários golpes, quedé toda lesionada. Hasta que un corredor me agarró del brazo y me fue arrastrando hasta el staff en Chacabuco. 

Cuando llegué, el paramédico Luis Augusto me atendió rápidamente, me hizo sostener una taza caliente para calentarme las manos con café para que bebiera y me puso una bolsa para calentarme, pero estaba con mucho frío y no estaba en condiciones de continuar con los equipamientos mojados, me cambié las medias pero las zapatillas estaban congeladas, dado que la nieve había aumentado. Enseguida llegó la argentina Micaela. Entonces lo mejor sería esperar hasta que dejara de nevar para continuar. 

El día siguiente la nieve había aumentado, 1 metro de nieve, y tuvimos que compartir la carpa y la comida entre 7 personas. Hubo momentos en que pensé que seríamos enterrados por una avalancha, ya que el viento debía estar a 80 o 100km/h y la carpa se movía mucho, tuvimos que sostener la carpa y dar golpes para sacar la nieve. Al final del día 16/04, dos socorristas, Guillermo y Julián, decidieron bajar para pedir ayuda, ya que la rádio no estaba funcionando. Nos quedamos 5 en la carpa, Micaela, Pablito, Carlos, Luis Augusto y yo. 

Una película pasó por mi cabeza, pensaba en mi hija, mi familia, amigos y todo lo que me gusta hacer y lo que ya había vivido. Practicamente 3 días y 3 noches presa en una carpa con 7 y 5 personas, acostada o sentada, durmiendo en bolsas de dormir, sin baño, sin cepillarse los dientes, sin sacarme los lentes de contacto y saliendo de la carpa una vez por día, solo para hacer las necesidades fisiológicas, sin saber si iba a poder salir de la montaña. 

Lo que me dejó más tranquila, fue la calma de los tres socorristas, eso fue fundamental. El poder de la mente.

Para pasar el tiempo intentaban distraernos conversando y cantando. Para mantener la energía y el calor, preparaban mate, café, vitina, sopa, arroz y pasta, en una boca de gas, todo en la misma olla. Compartíamos la misma taza y había algunos platos que limpiábamos con papel higiénico. 

El domingo, 17/4, seguía nevando fuerte y el rescate no llegó. Como la comida se estaba acabando, ellos decidieron prestarnos ropa a Micaela y a mí. Nos atamos bolsas en los piés para no entrar nieve y congelarnos. Salímos el 18/04 a las 9.30, había disminuído la nieve. Carlos fue adelante, buscando la demarcación y abriendo camino, Luis fue sosteniendo a Micaela y Pablito a mí, ya que la nieve estaba muy alta, nos enterrabamos y caíamos mucho. Cuando pasó la parte de la nieve y pudimos caminar solas, me sentí más segura y con confianza de que llegaríamos bien.

Después de unas 6 horas caminando, conseguímos bajar la montaña, paramos en una hacienda donde fuimos muy bien recibidos, nos calentamos en la hoguera y tomamos mate. La policía llegó a la hacienda y fue muy atenta, dejándonos a salvo en el hotel.

Una experiencia que me llevo para el resto de mi vida y se la debo a Micaela por estar conmigo y a los socorristas por su competencia. Muchas gracias de corazón por su cuidado y paciencia.

Chacabuco. Si, lo haría todo de nuevo. 

Lamentablemente no pude terminar la corrida, que era mi objetivo, pero quien sabe en otra oportunidad. Amo correr, me hace sentir libre. Libertad no tiene precio.

Eliane Carvalho.

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